¿Qué es el ojo vago y por qué es importante tratarlo a tiempo?

La plasticidad del cerebro marca los primeros años de vida. Muchos son los mecanismos cerebrales y neurológicos que participan durante esta etapa hasta alcanzar la madurez en torno a los nueve o diez años de vida. Entre estos mecanismos se encuentra la agudeza visual, que se desarrolla hasta los diez años, edad en torno a la cual viene a completarse la maduración cerebral visual.

El sofisticado funcionamiento cerebral tiene sus propias reglas. Cuando aparece un problema en un ojo, el cerebro bloquea su capacidad de visión y la centra en el ojo sano, de forma que el enfermo deja de ´trabajar´ y aparece entonces la ambliopía, más conocida como ´ojo vago´.

Actuar antes de que sea tarde

Gracias a esa plasticidad que tiene el cerebro durante los primeros años de vida, podemos interceder en los mecanismos cerebrales y tratar la ambliopía, ocluyendo el ojo sano. La intención de tapar el ojo sano con parches resulta obvia: obligar al ojo problemático o ´perezoso´ a trabajar y esforzarse por recuperar su agudeza visual. Ahora bien, es fundamental actuar antes de los ocho años, franja de edad después de la cual el cerebro fija la capacidad visual de cada ojo.

En niños pequeños, siempre que la ambliopía no esté asociada a una malformación del ojo o una lesión congénita (como cataratas, lesiones maculares, etc.), la recuperación visual puede llegar a ser del 100% si el tratamiento oclusivo del ojo sano se cumple disciplinadamente.

Duración del tratamiento

En cuanto a la duración del tratamiento, el diagnóstico precoz mejora, una vez más y de forma sustancial, el pronóstico. Hasta los ocho años, los niños pueden pasar de una visión del 10% al 100% con relativa rapidez; la mejoría puede llegar en poco más de un mes. Depende la causa de ambliopía y de la edad, normalmente con cuatro horas de oclusión al día suele ser suficiente.

Ojo vago y estrabismo

La ambliopía suele asociarse a distintos defectos refractivos como el astigmatismo, la hipermetropía o la miopía, si bien su incidencia está especialmente unida al estrabismo. Por ello, y teniendo siempre en cuenta que la edad idónea para llevar a los más pequeños a su primera revisión oftalmológica son los tres años, ante un síntoma evidente como, por ejemplo, un estrabismo conviene adelantar dicha consulta al especialista. La predisposición genética, por otra parte, actúa también como factor de riesgo en el ojo vago.

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