¿Qué es el hambre emocional?

Son muchas las personas en las que en ciertos momentos de su vida o quizás a lo largo de buena de parte de la misma pasan por etapas complicadas en las que nuestro nivel de estrés/ansiedad supera los niveles a los que estamos acostumbrados y sin darnos cuenta buscamos opciones para regular las sensaciones desagradables como puede ser “la comida”.

El habernos refugiado en la comida en algún momento puntual no es un problema, el problema comienza cuando esto se convierte en un hábito. Es decir, siempre que tengo una necesidad emocional recurro a la comida para regularme o estabilizarme.  Evidentemente este patrón generará un aumento de peso, así como consecuencias psicológicas para la persona que lo desarrolle.

La comida en estas situaciones ayuda temporalmente (pero NO SOLUCIONA) a compensar ciertas emociones y sentimientos desagradables provocados por una situación y/o problema, ya que cuando saboreamos la comida nuestro cerebro libera muchas sustancias (neurotransmisores, entre ellos la dopamina), las cuales son las encargadas de que sintamos placer.

Una vez que nuestro cerebro ha comprobado la efectividad de tal alimento (placer a corto plazo) buscará cualquier oportunidad para motivarte a consumir de nuevo ese alimento que tan buenas sensaciones nos produce.

El hecho de repetir esta conducta (Ej. Ingesta de chocolate) una y otra vez cuando sintamos una emoción o sensación negativa, hará que finalmente se convierta en un hábito. De modo que siempre que nos sintamos emocionalmente inestables buscaremos la ingesta de dicho alimento para intentar aliviarnos.

Para comenzar a poner solución a este problema es fundamental que sepamos diferenciar los momentos en los que tengo hambre fisiológica de los que tengo hambre emocional, y es por ello que os detallamos algunas características que servirán para dicho fin:

-El hambre emocional es repentina, urgente. Además, suele ser selectiva, piensa en comidas concretas. No genera saciedad y además suele conllevar tristeza o culpabilidad.

-El hambre física es gradual, puede esperar y está abierta a varias opciones de alimentos. Cuando sentimos esta hambre, sí logramos la sensación de saciedad. Es decir, comiendo se nos pasa. Y en último lugar, no nos genera ningún sentimiento negativo.

En aquellos casos en los que encontremos dificultad para seguir hábitos saludables, es recomendable solicitar la ayuda u opinión de un experto.