¿Es cierto que la piel tiene memoria?

Es una frase que oímos con frecuencia, pero, ¿hasta qué punto es cierta?

Tenemos múltiples evidencias de que las personas que más exposición solar han recibido en sus vidas presentan con el paso de los años más daño solar, también conocido como “dermatoheliosis”.

Esta exposición se asocia a la aparición de lesiones cutáneas benignas y malignas con el paso de los años.  Si es así, ¿se debe a que la piel tiene memoria?

Vamos por partes: Decir que la piel tiene memoria es una forma de referirnos a que las radiaciones ultravioletas dañan el ADN de las células de la piel, y este daño es solucionado temporalmente por mecanismos de reparación de ADN.

Cuando estos mecanismos no son capaces de reparar ese daño van apareciendo las lesiones cutáneas.

Tenemos algunas evidencias en la práctica diaria que nos confirman este hecho.

La mayor demostración de la importancia de los mecanismos de reparación celular de nuestra piel la tenemos en una enfermedad conocida como Xeroderma Pigmentoso. En esta patología hay una alteración en los mecanismos de reparación del ADN desde el nacimiento.

Esto implica un riesgo 10.000 veces superior de tener un cáncer de piel no melanoma, y un riesgo 2.000 veces superior de desarrollar un melanoma. Ya que son pacientes que nacen con estas mutaciones, la exposición solar en estos casos origina cánceres de piel en la edad infantil, constituyendo un grave problema.

También tenemos evidencias desde el otro lado del planeta: existen estudios que confirman que la incidencia de melanoma en ciudadanos australianos de la misma edad y fotipo de piel varía de forma significativa si pasaron la infancia en Australia o en sitios sin tanta exposición solar como Inglaterra y luego fueron a vivir a Australia de adultos.

Otra evidencia son los pacientes que son sometidos a trasplantes de órganos como riñón o corazón. Estos pacientes reciben una medicación para evitar el rechazo del órgano.

Esa medicación baja las defensas y con los años aumenta la aparición de tumores de piel.  Pues bien, sabemos que, en dos personas de la misma edad, trasplantadas a la vez, desarrollará más tumores la persona que más exposición solar haya tenido hasta ese momento.

Otro detalle es de la ¨marca del bañador de una pieza¨: es muy frecuente en la consulta diaria observar en la espalda de las pacientes manchas de color oscuro (lentigos) que son testigos de quemaduras solares previas.

Si observamos con detenimiento vemos cómo ocurren en el tercio superior de la espalda, pero no ocurren en la zona lumbar. Siendo muy observadores podremos delimitar incluso el borde del bañador de una pieza que usaba en su infancia. Indirectamente estamos observando un resultado de un daño solar en la infancia.

De todas formas, no hay que alarmarse. Hay que disfrutar de la vida al aire libre. La mejor medida es protegerse del sol y acudir a evaluaciones por parte de un@ dermatólog@ ante cualquier sospecha.