¿Qué es una crisis de identidad?

Este término está relacionado con las crisis evolutivas propias de cada etapa de la vida,  lo cierto es que se trata de  una expresión coloquial, no un diagnóstico clínico como tal. Pese a ello, el término crisis de identidad permite a las personas comunicar aquellas crisis vitales por las que atraviesan en un determinado momento.

 ¿A qué tipo de personas afectan? ¿O en qué circunstancias?

Estas crisis pueden afectan a cualquier persona, en cada etapa de nuestras vidas nos tenemos que enfrentar a distintas situaciones y cambios. Las circunstancias qué pueden desencadenar esta crisis son muy variadas; como un divorcio, la pérdida de un ser querido, el periodo adolescente, determinadas situaciones laborales, la paternidad o maternidad o simplemente sentir en un momento dado qué uno no se conoce bien a sí mismo.

 ¿A qué edad suelen producirse o se contabilizan más casos?

La crisis de identidad más común es la que se da en la adolescencia, debido a los cambios a nivel físico y mental, el hecho de encontrarse a caballo entre la niñez y la vida adulta hace que el adolescente esté en continua búsqueda de su identidad. No obstante, existen muchas más crisis de identidad y una persona puede atravesar varias a lo largo de su vida.

 ¿Cuáles son los síntomas o cómo podemos identificar una crisis de identidad?

Hay que tener en cuenta que tanto los síntomas como la intensidad de los mismos varían de una persona a otra. Algunos de estos síntomas son los: sensación de estar perdido o sin rumbo, sentirse solo o vacío, melancolía o frustración, ansiedad o dificultad para tomar decisiones o solucionar un problema. Las crisis de identidad no tienen una duración determinada y los síntomas son variables a lo largo de estos episodios.

¿Cómo se debe actuar para solventarlas?

 Superar una crisis de identidad no es una tarea fácil, es necesario que tengamos paciencia porque requiere de tiempo y esfuerzo, y en ocasiones es bueno recibir ayuda de un psicólogo que sirva de guía.

Algunas de las pautas que podemos seguir son: aceptar el cambio; ya que resistirnos nos podría estancar más, querernos más a nosotros mismos; así mejorar nuestra autoconfianza, trabajar la introspección; con el objetivo de conocernos mejor (valores, creencias, metas, ideales, etc.), y sobre todo entender que una crisis de identidad es una oportunidad de crecimiento y desarrollo personal, por lo que no deberíamos concentrarnos en los aspectos negativos de estas crisis.