¿Adicto al running?

El running, se ha convertido claramente en un fenómeno social durante los últimos años. Sólo tenemos que ver la cantidad de carreras populares, maratones y medias maratones celebradas en todos los rincones de España.

Algunos estudios apuntan que el 18% de las personas que practican ejercicio físico con asiduidad son adictas, siendo los deportes aeróbicos, como el running, aunque también el golf o el pádel, los que más dependencia generan.

Todos conocemos los múltiples beneficios del deporte, tanto a nivel físico como psicológico. El deporte es una fuente de bienestar, pero en ocasiones la persona puede perder este objetivo.

Hablamos de adicción al running, cuando las consecuencias negativas superan las positivas y aun así se mantiene la actividad.

Hay muchos factores que influyen en el desarrollo de esta patología:

-Factores personales: baja autoestima, imagen corporal, creencias irracionales, personalidad obsesiva, etc.

-Factores sociales: presión social, entorno competitivo, la moda, etc.

-Factores biológicos: cuando realizamos deporte, en el área cerebral del refuerzo, se segregan unas sustancias llamadas neurotransmisores (endorfinas, dopamina, etc.) encargadas de la sensación de placer, estas sustancias son las responsables de los mecanismos de adicción.

 ¿Cómo se detecta a una persona con adicción al running

La persona con adicción al running, le dedica más tiempo del que tenía previsto, deja de hacer otras actividades importantes (familiares, sociales o incluso laborales), llega a poner en riesgo su salud física, practica running incluso con alguna lesión, gasta más dinero del previsto en esta actividad, etc.

En definitiva, el running se convierte en el centro de su vida.

¿Cuáles son los riesgos?

Los riesgos de la adicción al running son muy similares a los que observamos en el resto de adicciones. Ya que presenta un efecto de tolerancia, es decir, cada vez necesita practicar más running para encontrar satisfacción y aun así llega un momento en el que ya no es placentero, y síndrome de abstinencia, cuando no pueden realizar ejercicio, entendido como malestar, mal humor e irritación.

En estos casos, empezaríamos por la “desintoxicación”, es decir, acompañar al paciente en el objetivo de recuperar el control de su vida.

Para ello se utiliza el control de estímulos, cambio de rutinas, manejo de los deseos, se le dotaría de herramientas para manejar el síndrome de abstinencia y trabajaríamos la prevención de recaídas. Hay casos muy severos en los que incluso se requiere el uso de psicofármacos.