¿Cómo abordar la miopía infantil?

La miopía es un desorden ocular con aumento de prevalencia en las dos últimas décadas. En Europa la tasa de prevalencia de miopía en niños de 12 años es de un 8% y se acerca ya al 50% a la edad de los 25 años. Es decir, casi uno de cada dos personas de 25 años es miope.

La miopía es un defecto de la visión en el que la imagen de los objetos lejanos, en lugar de enfocarse en nuestra retina, lo hace por delante de ésta, percibiendo una imagen borrosa.

La miopía de comienzo infantil, se da entre los 7 y los 16 años y se debe básicamente al incremento de la longitud del ojo. Por regla general, cuanto antes comience la miopía, mayor será su grado de evolución.

Suele aumentar unas 0.5 dioptrías, de media, anuales y en el 75% se estabiliza alrededor de los 16 años.

¿Qué síntomas produce?

Para el niño miope la visión que tiene la percibe como normal, por lo que no suelen expresar que ven menos. Pueden quejarse de dolor de cabeza, picor y ojos rojos.

Pueden parpadear con más frecuencia, frotarse los ojos, entrecerrarlos para enfocar objetos lejanos e incluso mirar de lado.

Es habitual que los niños se acerquen más a la televisión o a los libros al leer. Muchas veces lo hacen simplemente para concentrarse mejor (y se debe corregir ese hábito), sin embargo, en algunos casos lo hacen al padecer miopía.

La mejor forma de saber si un niño necesita gafas es visitando al oftalmólogo de forma periódica.

¿Cómo se trata?

En general, debe corregirse el error de refracción en su totalidad. En niños preescolares, la miopía leve no requiere tratamiento, pero en edad escolar es importante corregirla para el adecuado aprendizaje del niño y así evitar el fracaso escolar.

La miopía en niños se corrige mediante gafas. Las gafas no evitarán ni provocarán que aumente la miopía. Únicamente corrigen la visión del niño, mejorando su calidad de vida y salud visual.

En niños más mayores se podrán utilizar lentes de contacto, siempre como apoyo a las gafas y nunca como sustitución de las mismas. Las infecciones corneales secundarias al uso de lentes de contacto son raras en la actualidad, pero constituyen un peligro potencial para la visión. Con el fin de reducir los riesgos, las lentes de contacto deberían someterse a una correcta adaptación, emplear regularmente los sistemas para su cuidado y se debería realizar un seguimiento adecuado.