Cómo afrontar el miedo a las operaciones de estética

El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro. Se manifiesta en todos los animales, lo que incluye al ser humano. Además, el miedo está relacionado con la ansiedad.

Este miedo es un sentimiento frecuente ante una operación de cirugía estética. Principalmente debido a la falta de certeza de que todo vaya a salir bien.

¿De qué forma podemos superar ese estrés o al menos ganar en seguridad de que todo va a salir lo mejor posible?

– Asegúrate que estás en las mejores manos, y eso no sólo es que tu cirujano te dé seguridad y confianza, sino también que verdaderamente esté titulado en Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. Pues cada vez es más frecuente el intrusismo desde otras especialidades en la cirugía estética, incluso de médicos que no están especializados en ninguna cirugía.

-Procura tener referencias de otros pacientes que se hayan realizado la misma intervención con el mismo cirujano, pues no todos los profesionales saben realizar todas las intervenciones con la misma solvencia y garantías.

– Intenta que tu cirujano te muestre fotos de casos similares al tuyo o por lo menos de la misma intervención a la que vas a someterte, y que verdaderamente hayan sido operados por él.

– Olvídate de la falsa sensación de seguridad que da la anestesia local o la sedación pues, en palabras de la mayoría de los anestesistas, como más segura y controlada se realiza una intervención es bajo anestesia general. Aunque esto evidentemente depende de la complejidad de la intervención, pues no es necesaria una anestesia general para quitar un lunar. Hay que tener sentido común. Lo que no se puede hacer es aprovechar una misma intervención con anestesia local para realizar un lifting, una liposucción, unos párpados…  ya que esta anestesia es neuro y cardiotóxica en altas dosis.

– Deben tomarse todas las precauciones posibles como ante cualquier intervención quirúrgica, realizando previamente una analítica de sangre, un electrocardiograma y una radiografía de tórax para que el anestesista pueda dar el visto bueno a la intervención.

Siguiendo todos estos consejos, las probabilidades de que todo salga como estaba planificado son muy altas.

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